Atomizacion
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Fijos o temporales; jóvenes en prácticas; asalariados de la plantilla de la empresa o con contrato de puesta a disposición de una ETT pero trabajando en la misma obra; inmigrantes o prejubilados; mujeres que ganan un 20% menos que un hombre por un mismo trabajo,... una misma clase obrera atomizada, fraccionada en decenas de tipos de contratos y relaciones laborales, sometida a la presión y al chantaje del despido libre, a la movilidad geográfica como castigo, desorganizada, sin sindicar.

Millones de trabajadores que nada tienen ya que ver en sus condiciones con la clase obrera de los 70, con las grandes empresas y el contrato fijo. Enormes beneficios reporta a los capitalistas disponer de una mano de obra en esas condiciones de abaratamiento y carencia de derechos que, aun mantenidos sobre el papel, han sido abolidos por las condiciones impuestas. Enormes ganancias, pero no solo económicas sino en primer lugar políticas pues se trata de modificar el comportamiento de los trabajadores y sus familias.

La atomización de la clase obrera es un instrumento de control, de paralización de luchas, de trabas para el trabajo sindical, de intentar la división interna entre los trabajadores, de provocar el enfrentamiento donde les sea posible. Unas nuevas condiciones que necesitan de un nuevo trabajo sindical que permita el trabajo desde dentro y fuera de las empresas y los puestos de trabajo.

Dentro de las condiciones generalizadas de temporalidad hay quienes sufren especialmente todas las medidas que recortan o anulan las ayudas sociales y para muchos otros la precariedad en el trabajo está directamente ligada al aumento de los accidentes laborales.

Uno de los objetivos estratégicos de la globalizacion capitalista es la desestructuración de los trabajadores como sujetos sociales y políticos en la sociedad. La represión y la persecución a sus organizaciones y dirigentes, las reformas y  leyes de « Modernizacion social » a la medida de los intereses patronales con su carga de miedo constante al desempleo, más los efectos concretos de la fragmentación, la subcontratación y flexibilización, la precariedad, el paro permanente como recurso del modelo para mantener salarios bajos, han transformado la estructura laboral y trastornado las condiciones objetivas y subjetivas sobre las que se construyó el movimiento obrero.

Las realidades sociales de los años setenta y ochenta se han modificado profundamente y encuentran una de sus principales expresiones en nuevas formas de relación -mucho más antagónicas, dramáticas y salvajes- entre el capital y el trabajo.
Estos cambios, aún cuando venían incubándose desde tiempo atrás, se precipitaron a partir del llamado "derrumbe del Muro de Berlín" que simboliza la desaparición del campo socialista en la Unión Soviética y países del este. A partir de entonces, se establece la existencia de un sólo polo político y militar en el mundo, desatándose unipolarmente las fuerzas del mercado que buscan adquirir preeminencia total subyugando las vidas, hasta las mentes de las sociedades, particularmente de trabajadores y trabajadoras.

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